
Arte Tábano 2010, Manual Ediciones, 77 páginas.
Una atractiva mezcla de soberana y sutil clerecía (me refiero al oficio de poeta) en un ambiente con pequeños detalles de coloquialismos situacionales y muy personales de un hablante único, son los contrastes de este Arte Tábano. En él está presente de manera total una declaratoria de principios del propio oficio, que el hablante defiende a rajatabla, con ciertos guiños de pronunciaciones un tanto anecdóticas en su labor como escritor de poemas, o derechamente de poeta, y en donde imposiblemente se deja de lado: “el día y la noche en las fotografías, los ojos / de algunos de mis escritores favoritos / en la pared.” (González Barnert, 2010) Arte Tábano cumple con una parte del trabajo escritural no muy asumidas por los nos creadores de hoy, que es el referido a vivir la poesía a diario y cotidiano. González no es el escritor que se pone la chaqueta de poeta, con la impostura de tal y se sienta a escribir la gran obra de Chile, no calza en modo alguno con los “Poetillas de cajón, versificadores de chamarasca, zarandeados por la indiferencia o la censura de casa…” (Molina & Araya, 1917) Él tiene muy claro su trabajo, y aquí concuerdo en parte con el querido Cristián Gómez, cuando habla, en su comentario sobre este mismo trabajo poético, acerca de la tarea de explicarse, el autor, el rol de la poesía en este mundo; porque aunque el poeta la tiene clara hoy, mañana ya es absolutamente necesario reinventarse esta teoría personal y pasado mañana lo mismo, y cada uno de los día.
Esta obra de González Barnert posee dos periodos que alcanzan y tocan la fibra no solo del amigo y desocupado lector de poemas, sino la del que además es poeta y tiene el don de la escritura, para luego encontrase entre estos versos. El primero de los periodo es dedicado a la defensa férrea del oficio, Gómez lo llama “Defensa de la poesía”, a veces tomado como una lucha cotidiana contra algo que pareciera odiar y atormentar al hablante, estando siempre en lucha: “Y contra todo, sé poderoso. Yérguete / en la soledad / digo al alba, sin hacer ruido.” (González Barnert, 2010) En este primer periodo también se pueden descubrir esos inevitables espacios de sequia que de pronto suelen atormentar, pero que González, en el poema Me he vuelto cobarde, aprovecha recurriendo a la memoria emotiva y sus “escritores favoritos”. La lucha además de ser cotidiana se hace doméstica y se descubre en la mirada externa del oficio, esta cosa de nada y para nada, como dijo Lihn: “Se ríen de ti, a tu espalda, / en las sombras / por tu inutilidad, por esos libros que no te enseñan a arreglar un / enchufe /poner un pan en la mesa.” (González Barnert, 2010) En lo social el descredito presente por ser escritor y esa odiosa forma de tener que subsistir en otras labores que pueden exterminarlo como poeta: “Más tarde busca un aviso de trabajo / como quien subraya su epitafio.” (González Barnert, 2010)
El plural de nosotros, donde González tiene el gesto de salir del yo y ubicarse junto a sus colegas en su nuestra batalla: “Ruinas de un imperio tan ambicioso como romántico. / Donde nunca haremos lo suficiente.” (González Barnert, 2010) Este plural de nosotros me recuerda a de Rokha en una parte de su Canto al macho anciano: “porque es terrible el seguirse a sí mismo cuando lo hicimos todo, lo quisimos / ..............todo, lo pudimos todo y se nos quebraron las manos”.
El segundo periodo dice relación con lo que Gómez comenta como “muestrario de la derrota”, y en la que aparentemente González reconoce como propia, es decir, del poeta inmerso en el oficio, ante el instante de la derrota que resulta no definitiva: “Y en la oscuridad / desplegamos nuestra poesía que no reconocemos / como nuestra mejor poesía / porque vamos heridos de muerte, no muertos.” (González Barnert, 2010)
No es el oficio, como se pueda creer, el sujeto de la derrota; mejor dicho, no es la poesía la derrotada, sino el poeta a través del poema: “Bástenos escribir, los caprichos / de una obra menor, /este joderse al servicio de lo inútil.” “Bástenos escribir, echar de ver: / Nadie aprendió de nuestros errores.” (González Barnert, 2010).
Entre los escritores favoritos de González Barnert, está Gabriela Mistral, y me atrevo a decir favorita, aunque en lo provocador del poema Mistral, el poeta amigo Marcelo Pellegrini deja la interrogante de si es un poema a favor o en contra de la poeta. Reitero, me atrevo a decir favorita, porque la figura de la poeta es situada en un: “Chile cloaca” “En cada cinta tricolor que las tijeras de las autoridades cortan / Cada botella de champaña que nuestros mercaderes estrellan / entre risas, contra la nave de Prats.” (González Barnert, 2010) Pienso en el tratamiento que se le ha dado al ícono femenino de la poesía chilena: “Chile entero Mistral / Chile entero loca, borrascosas crestas de mierda plástica y mineral, / estiércol / para que crezca una puta y patética flor / llamada poseía chilena.” (González Barnert, 2010) Con esto me es inevitable el recuerdo de la figura de Lucrecia Borgia victima de cometarios maliciosos y sin fundamentos. Así mismo Víctor Hugo, constructor de una leyenda negra, venenosa y calumniosa hasta lo irreal y absurdo. Pedro Antonio González, el padre de la poesía chilena, escribe en su poema titulado Lucrecia Borgia: “Yo lo soy todo, porque soy bella. Yo soy satánica. / Yo llevo e soplo de la soberbia borrasca loca; / yo llevo el soplo de la candente llama volcánica, / que despedaza, que pulveriza la dura roca.” (Molina & Araya, 1917).
Como bien comentara, y coincido en ello, Claudio Maldonado al respecto de este libro de González “disfruté situándome en él, solo pensando que yo era aquel protagonista con bata y pantuflas que observaba el ocaso de una tarde urbana, sin haber construido ni imaginado un puerto.”
González Barnert es un poeta plenamente consciente de su oficio, en este tema quiero recordar igualmente a Octavio Paz, cuando dice que la poesía es inocencia, pero el poeta carece de esa inocencia, a lo que sería el producto de su angustia. Aquí mismo reconozco la angustia de González en su obra. “Nuestra poesía: ese único lugar posible para nosotros / en este mundo. / Prescindible por lo demás.” (González Barnert, 2010) Entonces y coincidiendo con Paz: la poesía es una gracia, un don, pero igualmente es una sed y un padecimiento. El poeta con la poesía recobra su propia inocencia, recuerda el paraíso perdido y come de la antigua manzana. “: un par de nubes que creímos eran un mensaje mayor al mediodía, / pero nadie se aventuró a descifrar, / detrás de la ventana.” (González Barnert, 2010) El poeta, continúa Paz, “es una conciencia: la baudeleriana “conciencia del pecado”, de la embriaguez, la reflexión del vértigo, de la existencia. De la conciencia del poeta nace la lucidez más profunda que le permite contemplar y ser contemplado, ser el delirio y la conciencia del delirio. Un estado semejante al del amante, al de Adán, pero con experiencia, con la experiencia del pecado. La inocencia recobrada, reconquistada.” (Paz, 1999). González Barnert es honesto en esto y reconoce con humildad su propia inocencia reconquistada: “Retrocedimos Rimbaud, retrocedimos /delirantes, jodidos, hirientes / por sus paredes: / lagartijas al sol de la belleza.” (González Barnert, 2010) Esto me deja pensando y convengo lo arduo que es este oficio, estamos condenados, los poetas “Somos, para siempre, los descontentos del universo.” (Paz, 1999).
Las artes poéticas son básicamente hablar de la poesía en lenguaje poético, es decir a través de un poema hablar de la poesía, aquí quiero citar solo tres versos del poema, aunque me vi tentado a transcribirlo entero, porque este es el poema del libro, el arte poética, simple y tan potente a la vez. Un aquí estoy de pié, yo soy la poesía. Inicia y titula así: “Mi única lealtad es con la poesía” y luego antes de conclir:“Todo lo que vaya en su contra va en mi contra. / Es asunto mío.” (González Barnert, 2010) Esta obra de González es casi en su totalidad un arte poética, quizá de ahí su título. Celebro este Arte Tábano de Ernesto González Barnert, una obra que es capaz de reencontrarnos de manera solidaria y fraternal con quienes cultivamos este bello oficio, esta mala costumbre de escribir poemas, esa mala cotidianeidad de dolernos hasta el hueso, del oficio.
Ernesto González Barnert nació en Temuco 1978, Publicó “La coartada de los dragones por el camino pequeño” (Ed. Pewma, 2000).“Higiene” (Edic. Temple, 2007). CD de anticipo “Trabajos de luz sobre el agua” (Ed. Alquimia, 2007). Muestrario de Poesía joven Chilena, en braille (co-editor) (Proyecto fondo del libro, Edit. Buhardilla). Arte tábano (Manual Ediciones, 2010) y el libro-objeto "Tallador" (Cubo de Poesía Anatropica, 2010). Además de aparecer en múltiples antologías, revistas en Chile y extranjero. Ha recibido el Premio Eduardo Anguita 2009 y Premio de Honor Pablo Neruda U. de Valparaíso (2007), además de otras menciones honrosas. Recibió las Becas del Fondo del libro 2009 y Fundación Neruda 2007 y de la Sech (2001), Mustakis-Biblioteca Nacional (2003), Centro Cultural de España (2002) consistentes en un taller literario guiado por destacados vates. Es co- fundador del Taller Santa Rosa 57 que agrupó a notables poetas de su promoción. Ha realizado más de 100 entrevistas-cuestionarios y otro tanto de reseñas-críticas y ensayos sobre poesía actual. Estudios de Derecho, Filosofía y C. Políticas. Cineasta, fue parte del e. realizador del Doc. A. Antonioletti. Mantiene inédito: Coto de Caza. Actualmente reside en Santiago.
Punta de Tralca, enero de 2011
Trabajos citados
González Barnert, E. (2010). Arte Tábano. Rancagua: Manual Ediciones.
Molina, J., & Araya, J. A. (1917). Selva Lírica. Santiago de Chile: Lom.
Paz, O. (1999). Vigilias II, Miseláneas I, Obras Completas. México: Fondo de Cultura Económica.